Salmos
Capítulo 49-51
 

Capítulo 49

 
 
1OID esto, pueblos todos; Escuchad, habitadores todos del mundo:
2Así los plebeyos como los nobles, El rico y el pobre juntamente.

3Mi boca hablará sabiduría; Y el pensamiento de mi corazón inteligencia.

4Acomodaré á ejemplos mi oído: Declararé con el arpa mi enigma.

5¿Por qué he de temer en los días de adversidad, Cuando la iniquidad de mis insidiadores me cercare?

6Los que confían en sus haciendas, Y en la muchedumbre de sus riquezas se jactan,

7Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, Ni dar á Dios su rescate.

8(Porque la redención de su vida es de gran precio, Y no se hará jamás;)

9Que viva adelante para siempre, Y nunca vea la sepultura.

10Pues se ve que mueren los sabios, Así como el insensato y el necio perecen, Y dejan á otros sus riquezas.

11En su interior tienen que sus casas serán eternas, Y sus habitaciones para generación y generación: Llamaron sus tierras de sus nombres.

12Mas el hombre no permanecerá en honra: Es semejante á las bestias que perecen.

13Este su camino es su locura: Con todo, corren sus descendientes por el dicho de ellos. (Selah.)

14Como rebaños serán puestos en la sepultura; La muerte se cebará en ellos; Y los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana: Y se consumirá su bien parecer en el sepulcro de su morada.

15Empero Dios redimirá mi vida del poder de la sepultura, Cuando me tomará. (Selah.)

16No temas cuando se enriquece alguno, Cuando aumenta la gloria de su casa;

17Porque en muriendo no llevará nada, Ni descenderá tras él su gloria.

18Si bien mientras viviere, dirá dichosa á su alma: Y tú serás loado cuando bien te tratares.

19Entrará á la generación de sus padres: No verán luz para siempre.

20El hombre en honra que no entiende, Semejante es á las bestias que perecen.

 
Capítulo 50
 
 
1EL Dios de dioses, Jehová, ha hablado, Y convocado la tierra desde el nacimiento del sol hasta donde se pone.
2De Sión, perfección de hermosura, Ha Dios resplandecido.

3Vendrá nuestro Dios, y no callará: Fuego consumirá delante de él, Y en derredor suyo habrá tempestad grande.

4Convocará á los cielos de arriba, Y á la tierra, para juzgar á su pueblo.

5Juntadme mis santos; Los que hicieron conmigo pacto con sacrificio.

6Y denunciarán los cielos su justicia; Porque Dios es el juez. (Selah.)

7Oye, pueblo mío, y hablaré: Escucha, Israel, y testificaré contra ti: Yo soy Dios, el Dios tuyo.

8No te reprenderé sobre tus sacrificios, Ni por tus holocaustos, que delante de mí están siempre.

9No tomaré de tu casa becerros, Ni machos cabríos de tus apriscos.

10Porque mía es toda bestia del bosque, Y los millares de animales en los collados.

11Conozco todas las aves de los montes, Y en mi poder están las fieras del campo.

12Si yo tuviese hambre, no te lo diría á ti: Porque mío es el mundo y su plenitud.

13¿Tengo de comer yo carne de toros, O de beber sangre de machos cabríos?

14Sacrifica á Dios alabanza, Y paga tus votos al Altísimo.

15E invócame en el día de la angustia: Te libraré, y tú me honrarás.

16Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que enarrar mis leyes, Y que tomar mi pacto en tu boca,

17Pues que tú aborreces el castigo, Y echas á tu espalda mis palabras?

18Si veías al ladrón, tú corrías con él; Y con los adúlteros era tu parte.

19Tu boca metías en mal, Y tu lengua componía engaño.

20Tomabas asiento, y hablabas contra tu hermano: Contra el hijo de tu madre ponías infamia.

21Estas cosas hiciste, y yo he callado: Pensabas que de cierto sería yo como tú: Yo te argüiré, y pondré las delante de tus ojos.

22Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios; No sea que arrebate, sin que nadie libre.

23El que sacrifica alabanza me honrará: Y al que ordenare su camino, Le mostraré la salud de Dios.

 
Capítulo 51
 
 
1TEN piedad de mí, oh Dios, conforme á tu misericordia: Conforme á la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
2Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado.

3Porque yo reconozco mis rebeliones; Y mi pecado está siempre delante de mí.

4A ti, á ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos: Porque seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio.

5He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.

6He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo: Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.

7Purifícame con hisopo, y será limpio: Lávame, y seré emblanquecido más que la nieve.

8Hazme oir gozo y alegría; Y se recrearán los huesos que has abatido.

9Esconde tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis maldades.

10Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; Y renueva un espíritu recto dentro de mí.

11No me eches de delante de ti; Y no quites de mí tu santo espíritu.

12Vuélveme el gozo de tu salud; Y el espíritu libre me sustente.

13Enseñaré á los prevaricadores tus caminos; Y los pecadores se convertirán á ti.

14Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salud: Cantará mi lengua tu justicia.

15Señor, abre mis labios; Y publicará mi boca tu alabanza.

16Porque no quieres tú sacrificio, que yo daría; No quieres holocausto.

17Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.

18Haz bien con tu benevolencia á Sión: Edifica los muros de Jerusalem.

19Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto ú ofrenda del todo quemada: Entonces ofrecerán sobre tu altar becerros.

 
 
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