Salmos
Capítulo 40-42
 

Capítulo 40

 
 
1RESIGNADAMENTE esperé á Jehová, E inclinóse á mí, y oyó mi clamor.
2E hízome sacar de un lago de miseria, del lodo cenagoso; Y puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.

3Puso luego en mi boca canción nueva, alabanza á nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y esperarán en Jehová.

4Bienaventurado el hombre que puso á Jehová por su confianza, Y no mira á los soberbios, ni á los que declinan á la mentira.

5Aumentado has tú, oh Jehová Dios mío, tus maravillas; Y tus pensamientos para con nosotros, No te los podremos contar: Si yo anunciare y hablare de ellos, No pueden ser enarrados.

6Sacrificio y presente no te agrada; Has abierto mis oídos; Holocausto y expiación no has demandado.

7Entonces dije: He aquí, vengo; En el envoltorio del libro está escrito de mí:

8El hacer tu voluntad, Dios mío, hame agradado; Y tu ley está en medio de mis entrañas.

9Anunciado he justicia en grande congregación: He aquí no detuve mis labios, Jehová, tú lo sabes.

10No encubrí tu justicia dentro de mi corazón: Tu verdad y tu salvación he dicho: No oculté tu misericordia y tu verdad en grande concurso.

11Tú, Jehová, no apartes de mí tus misericordias: Tu misericordia y tu verdad me guarden siempre.

12Porque me han cercado males hasta no haber cuento: Hanme comprendido mis maldades, y no puedo levantar la vista: Hanse aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falta.

13Quieras, oh Jehová, librarme; Jehová, apresúrate á socorrerme.

14Sean avergonzados y confusos á una Los que buscan mi vida para cortarla: Vuelvan atrás y avergüéncense Los que mi mal desean.

15Sean asolados en pago de su afrenta Los que me dicen: ¡Ea, ea!

16Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan; Y digan siempre los que aman tu salud: Jehová sea ensalzado.

17Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará de mí: Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes.

 
Capítulo 41
 
 
1BIENAVENTURADO el que piensa en el pobre: En el día malo lo librará Jehová.
2Jehová lo guardé, y le dé vida: sea bienaventurado en la tierra, Y no lo entregues á la voluntad de sus enemigos.

3Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor: Mullirás toda su cama en su enfermedad.

4Yo dije: Jehová, ten misericordia de mí; Sana mi alma, porque contra ti he pecado.

5Mis enemigos dicen mal de mí preguntando: ¿Cuándo morirá, y perecerá su nombre?

6Y si venía á ver me, hablaba mentira: Su corazón se amontonaba iniquidad; Y salido fuera, hablába la.

7Reunidos murmuraban contra mí todos los que me aborrecían: Contra mí pensaban mal, diciendo de mí:

8Cosa pestilencial de él se ha apoderado; Y el que cayó en cama, no volverá á levantarse.

9Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, Alzó contra mí el calcañar.

10Mas tú, Jehová, ten misericordia de mí, y hazme levantar, Y daréles el pago.

11En esto habré conocido que te he agradado, Que mi enemigo no se holgará de mí.

12En cuanto á mí, en mi integridad me has sustentado, Y me has hecho estar delante de ti para siempre.

13Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, Por siglos de siglos. Amén y Amén.

 
Capítulo 42
 
 
1COMO el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.
2Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¡Cuándo vendré, y pareceré delante de Dios!

3Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?

4Acordaréme de estas cosas, y derramaré sobre mí mi alma: Cuando pasaré en el número, iré con ellos hasta la casa de Dios, Con voz de alegría y de alabanza, haciendo fiesta la multitud.

5¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te conturbas en mí? Espera á Dios; porque aun le tengo de alabar Por las saludes de su presencia.

6Dios mío, mi alma está en mí abatida: Acordaréme por tanto de ti desde tierra del Jordán, Y de los Hermonitas, desde el monte de Mizhar.

7Un abismo llama á otro á la voz de tus canales: Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.

8De día mandará Jehová su misericordia, Y de noche su canción será conmigo, Y oración al Dios de mi vida.

9Diré á Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?

10Mientras se están quebrantando mis huesos, mis enemigos me afrentan, Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?

11¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te conturbas en mí? Espera á Dios; porque aun le tengo de alabar; Es él salvamento delante de mí, y el Dios mío.

 
 
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