Salmos
Capítulo 120-123
 

Capítulo 120

 
 
1A JEHOVA llamé estando en angustia, Y él me respondió.
2Libra mi alma, oh Jehová, de labio mentiroso, De la lengua fraudulenta.

3¿Qué te dará, ó qué te aprovechará, Oh lengua engañosa?

4Agudas saetas de valiente, Con brasas de enebro.

5¡Ay de mí, que peregrino en Mesech, Y habito entre las tiendas de Kedar!

6Mucho se detiene mi alma Con los que aborrecen la paz.

7Yo soy pacífico: Mas ellos, así que hablo, me hacen guerra.

 
Capítulo 121
 
 
1ALZARÉ mis ojos á los montes, De donde vendrá mi socorro.
2Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.

3No dará tu pie al resbaladero; Ni se dormirá el que te guarda.

4He aquí, no se adormecerá ni dormirá El que guarda á Israel.

5Jehová es tu guardador: Jehová es tu sombra á tu mano derecha.

6El sol no te fatigará de día, Ni la luna de noche.

7Jehová te guardará de todo mal: El guardará tu alma.

8Jehová guardará tu salida y tu entrada, Desde ahora y para siempre.

 
Capítulo 122
 
 
1YO me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos.
2Nuestros pies estuvieron En tus puertas, oh Jerusalem;

3Jerusalem, que se ha edificado Como una ciudad que está bien unida entre sí.

4Y allá subieron las tribus, las tribus de JAH, Conforme al testimonio dado á Israel, Para alabar el nombre de Jehová.

5Porque allá están las sillas del juicio, Las sillas de la casa de David.

6Pedid la paz de Jerusalem: Sean prosperados los que te aman.

7Haya paz en tu antemuro, Y descanso en tus palacios.

8Por amor de mis hermanos y mis compañeros Hablaré ahora paz de ti.

9A causa de la casa de Jehová nuestro Dios, Buscaré bien para ti.

 
Capítulo 123
 
 
1A TI que habitas en los cielos, Alcé mis ojos.
2He aquí como los ojos de los siervos miran á la mano de sus señores, Y como los ojos de la sierva á la mano de su señora; Así nuestros ojos miran á Jehová nuestro Dios, Hasta que haya misericordia de nosotros.

3Ten misericordia de nosotros, oh Jehová, ten misericordia de nosotros; Porque estamos muy hartos de menosprecio.

4Muy harta está nuestra alma Del escarnio de los holgados, Y del menosprecio de los soberbios.

 
 
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