Proverbios
Capítulo 4-7
 

Capítulo 4

 
 
1OID, hijos, la doctrina de un padre, Y estad atentos para que conozcáis cordura.
2Porque os doy buena enseñanza; No desamparéis mi ley.

3Porque yo fuí hijo de mi padre, Delicado y único delante de mi madre.

4Y él me enseñaba, y me decía: Mantenga tu corazón mis razones, Guarda mis mandamientos, y vivirás:

5Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; No te olvides ni te apartes de las razones de mi boca;

6No la dejes, y ella te guardará; Amala, y te conservará.

7Sabiduría ante todo: adquiere sabiduría: Y ante toda tu posesión adquiere inteligencia.

8Engrandécela, y ella te engrandecerá: Ella te honrará, cuando tú la hubieres abrazado.

9Adorno de gracia dará á tu cabeza: Corona de hermosura te entregará.

10Oye, hijo mío, y recibe mis razones; Y se te multiplicarán años de vida.

11Por el camino de la sabiduría te he encaminado, Y por veredas derechas te he hecho andar.

12Cuando anduvieres no se estrecharán tus pasos; Y si corrieres, no tropezarás.

13Ten el consejo, no lo dejes; Guárdalo, porque eso es tu vida.

14No entres por la vereda de los impíos, Ni vayas por el camino de los malos.

15Desampárala, no pases por ella; Apártate de ella, pasa.

16Porque no duermen ellos, si no hicieren mal; Y pierden su sueño, si no han hecho caer.

17Porque comen pan de maldad, y beben vino de robos.

18Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto.

19El camino de los impíos es como la oscuridad: No saben en qué tropiezan.

20Hijo mío, está atento á mis palabras; Inclina tu oído á mis razones.

21No se aparten de tus ojos; Guárdalas en medio de tu corazón.

22Porque son vida á los que las hallan, Y medicina á toda su carne.

23Sobre toda cosa guardada guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.

24Aparta de ti la perversidad de la boca, Y aleja de ti la iniquidad de labios.

25Tus ojos miren lo recto, Y tus párpados en derechura delante de ti.

26Examina la senda de tus pies, Y todos tus caminos sean ordenados.

27No te apartes á diestra, ni á siniestra: Aparta tu pie del mal.

 
Capítulo 5
 
 
1HIJO mío, está atento á mi sabiduría, Y á mi inteligencia inclina tu oído;
2Para que guardes consejo, Y tus labios conserven la ciencia.

3Porque los labios de la extraña destilan miel, Y su paladar es más blando que el aceite;

4Mas su fin es amargo como el ajenjo, Agudo como cuchillo de dos filos.

5Sus pies descienden á la muerte; Sus pasos sustentan el sepulcro:

6Sus caminos son instables; no los conocerás, Si no considerares el camino de vida.

7Ahora pues, hijos, oidme, Y no os apartéis de las razones de mi boca.

8Aleja de ella tu camino, Y no te acerques á la puerta de su casa;

9Porque no des á los extraños tu honor, Y tus años á cruel;

10Porque no se harten los extraños de tu fuerza, Y tus trabajos estén en casa del extraño;

11Y gimas en tus postrimerías, Cuando se consumiere tu carne y tu cuerpo,

12Y digas: ¡Cómo aborrecí el consejo, Y mi corazón menospreció la reprensión;

13Y no oí la voz de los que me adoctrinaban, Y á los que me enseñaban no incliné mi oído!

14Casi en todo mal he estado, En medio de la sociedad y de la congregación.

15Bebe el agua de tu cisterna, Y los raudales de tu pozo.

16Derrámense por de fuera tus fuentes, En las plazas los ríos de aguas.

17Sean para ti solo, Y no para los extraños contigo.

18Sea bendito tu manantial; Y alégrate con la mujer de tu mocedad.

19Como cierva amada y graciosa corza, Sus pechos te satisfagan en todo tiempo; Y en su amor recréate siempre.

20¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la ajena, Y abrazarás el seno de la extraña?

21Pues que los caminos del hombre están ante los ojos de Jehová, Y él considera todas sus veredas.

22Prenderán al impío sus propias iniquidades, Y detenido será con las cuerdas de su pecado.

23El morirá por falta de corrección; Y errará por la grandeza de su locura.

 
Capítulo 6
 
 
1HIJO mío, si salieres fiador por tu amigo, Si tocaste tu mano por el extraño,
2Enlazado eres con las palabras de tu boca, Y preso con las razones de tu boca.

3Haz esto ahora, hijo mío, y líbrate, Ya que has caído en la mano de tu prójimo: Ve, humíllate, y asegúrate de tu amigo.

4No des sueño á tus ojos, Ni á tus párpados adormecimiento.

5Escápate como el corzo de la mano del cazador, Y como el ave de la mano del parancero.

6Ve á la hormiga, oh perezoso Mira sus caminos, y sé sabio;

7La cual no teniendo capitán, Ni gobernador, ni señor,

8Prepara en el verano su comida Y allega en el tiempo de la siega su mantenimiento.

9Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño?

10Un poco de sueño, un poco de dormitar, Y cruzar por un poco las manos para reposo:

11Así vendrá tu necesidad como caminante, Y tu pobreza como hombre de escudo.

12El hombre malo, el hombre depravado, Anda en perversidad de boca;

13Guiña de sus ojos, habla con sus pies, Indica con sus dedos;

14Perversidades hay en su corazón, anda pensando mal en todo tiempo; Enciende rencillas.

15Por tanto su calamidad vendrá de repente; Súbitamente será quebrantado, y no habrá remedio.

16Seis cosas aborrece Jehová, Y aun siete abomina su alma:

17Los ojos altivos, la lengua mentirosa, Las manos derramadoras de sangre inocente,

18El corazón que maquina pensamientos inicuos, Los pies presurosos para correr al mal,

19El testigo falso que habla mentiras, Y el que enciende rencillas entre los hermanos.

20Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, Y no dejes la enseñanza de tu madre:

21Atalos siempre en tu corazón, Enlázalos á tu cuello.

22Te guiarán cuando anduvieres; cuando durmieres te guardarán; Hablarán contigo cuando despertares.

23Porque el mandamiento es antorcha, y la enseñanza luz; Y camino de vida las reprensiones de la enseñanza:

24Para que te guarden de la mala mujer, De la blandura de la lengua de la extraña.

25No codicies su hermosura en tu corazón, Ni ella te prenda con sus ojos:

26Porque á causa de la mujer ramera es reducido el hombre á un bocado de pan; Y la mujer caza la preciosa alma del varón.

27¿Tomará el hombre fuego en su seno, Sin que sus vestidos se quemen?

28¿Andará el hombre sobre las brasas, Sin que sus pies se abrasen?

29Así el que entrare á la mujer de su prójimo; No será sin culpa cualquiera que la tocare.

30No tienen en poco al ladrón, cuando hurtare Para saciar su alma teniendo hambre:

31Empero tomado, paga las setenas, Da toda la sustancia de su casa.

32Mas el que comete adulterio con la mujer, es falto de entendimiento: Corrompe su alma el que tal hace.

33Plaga y vergüenza hallará; Y su afrenta nunca será raída.

34Porque los celos son el furor del hombre, Y no perdonará en el día de la venganza.

35No tendrá respeto á ninguna redención; Ni querrá perdonar, aunque multipliques los dones.

 
Capítulo 7
 
 
1HIJO mío, guarda mis razones, Y encierra contigo mis mandamientos.
2Guarda mis mandamientos, y vivirás; Y mi ley como las niñas de tus ojos.

3Lígalos á tus dedos; Escríbelos en la tabla de tu corazón.

4Di á la sabiduría: Tú eres mi hermana; Y á la inteligencia llama parienta:

5Para que te guarden de la mujer ajena, Y de la extraña que ablanda sus palabras.

6Porque mirando yo por la ventana de mi casa, Por mi celosía,

7Vi entre los simples, Consideré entre los jóvenes, Un mancebo falto de entendimiento,

8El cual pasaba por la calle, junto á la esquina de aquella, E iba camino de su casa,

9A la tarde del día, ya que oscurecía, En la oscuridad y tiniebla de la noche.

10Y he aquí, una mujer que le sale al encuentro Con atavío de ramera, astuta de corazón,

11Alborotadora y rencillosa, Sus pies no pueden estar en casa;

12Unas veces de fuera, ó bien por las plazas, Acechando por todas las esquinas.

13Y traba de él, y bésalo; Desvergonzó su rostro, y díjole:

14Sacrificios de paz había prometido, Hoy he pagado mis votos;

15Por tanto he salido á encontrarte, Buscando diligentemente tu rostro, y te he hallado.

16Con paramentos he ataviado mi cama, Recamados con cordoncillo de Egipto.

17He sahumado mi cámara Con mirra, áloes, y cinamomo.

18Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana; Alegrémonos en amores.

19Porque el marido no está en casa, Hase ido á un largo viaje:

20El saco de dinero llevó en su mano; El día señalado volverá á su casa.

21Rindiólo con la mucha suavidad de sus palabras, Obligóle con la blandura de sus labios.

22Vase en pos de ella luego, Como va el buey al degolladero, Y como el loco á las prisiones para ser castigado;

23Como el ave que se apresura al lazo, Y no sabe que es contra su vida, Hasta que la saeta traspasó su hígado.

24Ahora pues, hijos, oidme, Y estad atentos á las razones de mi boca.

25No se aparte á sus caminos tu corazón; No yerres en sus veredas.

26Porque á muchos ha hecho caer heridos; Y aun los más fuertes han sido muertos por ella.

27Caminos del sepulcro son su casa, Que descienden á las cámaras de la muerte.

 
 
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