Lucas
Capítulo 18-21
 

Capítulo 18

 
 
1Y PROPUSOLES también una parábola sobre que es necesario orar siempre, y no desmayar,
2Diciendo: Había un juez en una ciudad, el cual ni temía á Dios, ni respetaba á hombre.

3Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía á él diciendo: Hazme justicia de mi adversario.

4Pero él no quiso por algún tiempo; mas después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo á Dios, ni tengo respeto á hombre,

5Todavía, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, porque al fin no venga y me muela.

6Y dijo el Señor: Oid lo que dice el juez injusto.

7¿Y Dios no hará justicia á sus escogidos, que claman á él día y noche, aunque sea longánime acerca de ellos?

8Os digo que los defenderá presto. Empero cuando el Hijo del hombre viniere, ¿hallará fe en la tierra?

9Y dijo también á unos que confiaban de sí como justos, y menospreciaban á los otros, esta parábola:

10Dos hombres subieron al templo á orar: el uno Fariseo, el otro publicano.

11El Fariseo, en pie, oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;

12Ayuno dos veces á la semana, doy diezmos de todo lo que poseo.

13Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propició á mí pecador.

14Os digo que éste descendió á su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.

15Y traían á él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos les reñían.

16Mas Jesús llamándolos, dijo: Dejad los niños venir á mí, y no los impidáis; porque de tales es el reino de Dios.

17De cierto os digo, que cualquiera que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él.

18Y preguntóle un príncipe, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna?

19Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? ninguno hay bueno sino sólo Dios.

20Los mandamientos sabes: No matarás: No adulterarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio: Honra á tu padre y á tu madre.

21Y él dijo: Todas estas cosas he guardado desde mi juventud.

22Y Jesús, oído esto, le dijo: Aun te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y da á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.

23Entonces él, oídas estas cosas, se puso muy triste, porque era muy rico.

24Y viendo Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán dificultosamente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!

25Porque más fácil cosa es entrar un camello por el ojo de una aguja, que un rico entrar en el reino de Dios.

26Y los que lo oían, dijeron: ¿Y quién podrá ser salvo?

27Y él les dijo: Lo que es imposible para con los hombres, posible es para Dios.

28Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado las posesiones nuestras, y te hemos seguido.

29Y él les dijo: De cierto os digo, que nadie hay que haya dejado casa, padres, ó hermanos, ó mujer, ó hijos, por el reino de Dios,

30Que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.

31Y Jesús, tomando á los doce, les dijo: He aquí subimos á Jerusalem, y serán cumplidas todas las cosas que fueron escritas por los profetas, del Hijo del hombre.

32Porque será entregado á las gentes, y será escarnecido, é injuriado, y escupido.

33Y después que le hubieren azotado, le matarán: mas al tercer día resucitará.

34Pero ellos nada de estas cosas entendían, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se decía.

35Y aconteció que acercándose él á Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando;

36El cual como oyó la gente que pasaba, preguntó qué era aquello.

37Y dijéronle que pasaba Jesús Nazareno.

38Entonces dió voces, diciendo: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí.

39Y los que iban delante, le reñían que callase; mas él clamaba mucho más: Hijo de David, ten misericordia de mí.

40Jesús entonces parándose, mandó traerle á sí: y como él llegó, le preguntó,

41Diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que vea.

42Y Jesús le dijo: Ve, tu fe te ha hecho salvo.

43Y luego vió, y le seguía, glorificando á Dios: y todo el pueblo como lo vió, dió á Dios alabanza.

 
Capítulo 19
 
 
1Y HABIENDO entrado Jesús, iba pasando por Jericó;
2Y he aquí un varón llamado Zaqueo, el cual era el principal de los publicanos, y era rico;

3Y procuraba ver á Jesús quién fuese; mas no podía á causa de la multitud, porque era pequeño de estatura.

4Y corriendo delante, subióse á un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí.

5Y como vino á aquel lugar Jesús, mirando, le vió, y díjole: Zaqueo, date priesa, desciende, porque hoy es necesario que pose en tu casa.

6Entonces él descendió apriesa, y le recibió gozoso.

7Y viendo esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado á posar con un hombre pecador.

8Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy á los pobres; y si en algo he defraudado á alguno, lo vuelvo con el cuatro tanto.

9Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación á esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham.

10Porque el Hijo del hombre vino á buscar y á salvar lo que se había perdido.

11Y oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalem, y porque pensaban que luego había de ser manifestado el reino de Dios.

12Dijo pues: Un hombre noble partió á una provincia lejos, para tomar para sí un reino, y volver.

13Mas llamados diez siervos suyos, les dió diez minas, y díjoles: Negociad entre tanto que vengo.

14Empero sus ciudadanos le aborrecían, y enviaron tras de él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros.

15Y aconteció, que vuelto él, habiendo tomado el reino, mandó llamar á sí á aquellos siervos á los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.

16Y vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas.

17Y él le dice: Está bien, buen siervo; pues que en lo poco has sido fiel, tendrás potestad sobre diez ciudades.

18Y vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha hecho cinco minas.

19Y también á éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.

20Y vino otro, diciendo: Señor, he aquí tu mina, la cual he tenido guardada en un pañizuelo:

21Porque tuve miedo de ti, que eres hombre recio; tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste.

22Entonces él le dijo: Mal siervo, de tu boca te juzgo. Sabías que yo era hombre recio, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré;

23¿Por qué, no diste mi dinero al banco, y yo viniendo lo demandara con el logro?

24Y dijo á los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas.

25Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas.

26Pues yo os digo que á cualquiera que tuviere, le será dado; mas al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.

27Y también á aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y degolladlos delante de mí.

28Y dicho esto, iba delante subiendo á Jerusalem.

29Y aconteció, que llegando cerca de Bethfagé, y de Bethania, al monte que se llama de las Olivas, envió dos de sus discípulos,

30Diciendo: Id á la aldea de enfrente; en la cual como entrareis, hallaréis un pollino atado, en el que ningún hombre se ha sentado jamás; desatadlo, y traedlo.

31Y si alguien os preguntare, ¿por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo ha menester.

32Y fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo.

33Y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?

34Y ellos dijeron: Porque el Señor lo ha menester.

35Y trajéronlo á Jesús; y habiéndo echado sus vestidos sobre el pollino, pusieron á Jesús encima.

36Y yendo él tendían sus capas por el camino.

37Y como llegasen ya cerca de la bajada del monte de las Olivas, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzaron á alabar á Dios á gran voz por todas las maravillas que habían visto,

38Diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor: paz en el cielo, y gloria en lo altísimo!

39Entonces algunos de los Fariseos de la compañía, le dijeron: Maestro, reprende á tus discípulos.

40Y él respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaren, las piedras clamarán.

41Y como llegó cerca viendo la ciudad, lloró sobre ella,

42Diciendo: ¡Oh si también tú conocieses, á lo menos en este tu día, lo que toca á tu paz! mas ahora está encubierto de tus ojos.

43Porque vendrán días sobre ti, que tus enemigos te cercarán con baluarte, y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho,

44Y te derribarán á tierra, y á tus hijos dentro de ti; y no dejarán sobre ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.

45Y entrando en el templo, comenzó á echar fuera á todos los que vendían y compraban en él.

46Diciéndoles: Escrito está: Mi casa, casa de oración es; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.

47Y enseñaba cada día en el templo; mas los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los principales del pueblo procuraban matarle.

48Y no hallaban qué hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole.

 
Capítulo 20
 
 
1Y ACONTECIO un día, que enseñando él al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegáronse los príncipes de los sacerdotes y los escribas, con los ancianos;
2Y le hablaron, diciendo: Dinos: ¿con qué potestad haces estas cosas? ¿ó quién es el que te ha dado esta potestad?

3Respondiendo entonces Jesús, les dijo: Os preguntaré yo también una palabra; respondedme:

4El bautismo de Juan, ¿era del cielo, ó de los hombres?

5Mas ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Si dijéremos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?

6Y si dijéremos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará: porque están ciertos que Juan era profeta.

7Y respondieron que no sabían de dónde.

8Entonces Jesús les dijo: Ni yo os digo con qué potestad hago estas cosas.

9Y comenzó á decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, y arrendóla á labradores, y se ausentó por mucho tiempo.

10Y al tiempo, envió un siervo á los labradores, para que le diesen del fruto de la viña; mas los labradores le hirieron, y enviaron vacío.

11Y volvió á enviar otro siervo; mas ellos á éste también, herido y afrentado, le enviaron vacío.

12Y volvió á enviar al tercer siervo; mas ellos también á éste echaron herido.

13Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré mi hijo amado: quizás cuando á éste vieren, tendrán respeto.

14Mas los labradores, viéndole, pensaron entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle para que la heredad sea nuestra.

15Y echáronle fuera de la viña, y le mataron. ¿Qué pues, les hará el señor de la viña?

16Vendrá, y destruirá á estos labradores, y dará su viña á otros. Y como ellos lo oyeron, dijeron: ¡Dios nos libre!

17Mas él mirándolos, dice: ¿Qué pues es lo que está escrito: La piedra que condenaron los edificadores, Esta fué por cabeza de esquina?

18Cualquiera que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre el que la piedra cayere, le desmenuzará.

19Y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque entendieron que contra ellos había dicho esta parábola: mas temieron al pueblo.

20Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, para sorprenderle en palabras, para que le entregasen al principado y á la potestad del presidente.

21Los cuales le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas bien, y que no tienes respeto á persona; antes enseñas el camino de Dios con verdad.

22¿Nos es lícito dar tributo á César, ó no?

23Mas él, entendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis?

24Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César.

25Entonces les dijo: Pues dad á César lo que es de César; y lo que es de Dios, á Dios.

26Y no pudieron reprender sus palabras delante del pueblo: antes maravillados de su respuesta, callaron.

27Y llegándose unos de los Saduceos, los cuales niegan haber resurrección, le preguntaron,

28Diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere teniendo mujer, y muriere sin hijos, que su hermano tome la mujer, y levante simiente á su hermano.

29Fueron, pues, siete hermanos: y el primero tomó mujer, y murió sin hijos.

30Y la tomó el segundo, el cual también murió sin hijos.

31Y la tomó el tercero: asimismo también todos siete: y muerieron sin dejar prole.

32Y á la postre de todos murió también la mujer.

33En la resurrección, pues, ¿mujer de cuál de ellos será? porque los siete la tuvieron por mujer.

34Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este siglo se casan, y son dados en casamiento:

35Mas los que fueren tenidos por dignos de aquel siglo y de la resurrección de los muertos, ni se casan, ni son dados en casamiento:

36Porque no pueden ya más morir: porque son iguales á los ángeles, y son hijos de Dios, cuando son hijos de la resurrección.

37Y que los muertos hayan de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob.

38Porque Dios no es Dios de muertos, mas de vivos: porque todos viven á él.

39Y respondiéndole unos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho.

40Y no osaron más preguntarle algo.

41Y él les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David?

42Y el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor á mi Señor: Siéntate á mi diestra,

43Entre tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies.

44Así que David le llama Señor: ¿cómo pues es su hijo?

45Y oyéndole todo el pueblo, dijo á sus discípulos:

46Guardaos de los escribas, que quieren andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas;

47Que devoran las casas de las viudas, poniendo por pretexto la larga oración: éstos recibirán mayor condenación.

 
Capítulo 21
 
 
1Y MIRANDO, vió á los ricos que echaban sus ofrendas en el gazofilacio.
2Y vió también una viuda pobrecilla, que echaba allí dos blancas.

3Y dijo: De verdad os digo, que esta pobre viuda echó más que todos:

4Porque todos estos, de lo que les sobra echaron para las ofrendas de Dios; mas ésta de su pobreza echó todo el sustento que tenía.

5Y á unos que decían del templo, que estaba adornado de hermosas piedras y dones, dijo:

6Estas cosas que veis, días vendrán que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruída.

7Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal habrá cuando estas cosas hayan de comenzar á ser hechas?

8El entonces dijo: Mirad, no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy; y, el tiempo está cerca: por tanto, no vayáis en pos de ellos.

9Empero cuando oyereis guerras y sediciones, no os espantéis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero: mas no luego será el fin.

10Entonces les dijo: Se levantará gente contra gente, y reino contra reino;

11Y habrá grandes terremotos, y en varios lugares hambres y pestilencias: y habrá espantos y grandes señales del cielo.

12Mas antes de todas estas cosas os echarán mano, y perseguirán, entregándoos á las sinagogas y á las cárceles, siendo llevados á los reyes y á los gobernadores por causa de mi nombre.

13Y os será para testimonio.

14Poned pues en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder:

15Porque yo os daré boca y sabiduría, á la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se os opondrán.

16Mas seréis entregados aun de vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán á algunos de vosotros.

17Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre.

18Mas un pelo de vuestra cabeza no perecerá.

19En vuestra paciencia poseeréis vuestras almas.

20Y cuando viereis á Jerusalem cercada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.

21Entonces los que estuvieren en Judea, huyan á los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella.

22Porque estos son días de venganza: para que se cumplan todas las cosas que están escritas.

23Mas ¡ay de las preñadas, y de las que crían en aquellos días! porque habrá apuro grande sobre la tierra é ira en este pueblo.

24Y caerán á filo de espada, y serán llevados cautivos á todas las naciones: y Jerusalem será hollada de las gentes, hasta que los tiempos de las gentes sean cumplidos.

25Entonces habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas; y en la tierra angustia de gentes por la confusión del sonido de la mar y de las ondas:

26Secándose los hombres á causa del temor y expectación de las cosas que sobrevendrán á la redondez de la tierra: porque las virtudes de los cielos serán conmovidas.

27Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en una nube con potestad y majestad grande.

28Y cuando estas cosas comenzaren á hacerse, mirad, y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca.

29Y díjoles una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles:

30Cuando ya brotan, viéndolo, de vosotros mismos entendéis que el verano está ya cerca.

31Así también vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, entended que está cerca el reino de Dios.

32De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo sea hecho.

33El cielo y la tierra pasarán; mas mis palabras no pasarán.

34Y mirad por vosotros, que vuestros corazones no sean cargados de glotonería y embriaguez, y de los cuidados de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.

35Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.

36Velad pues, orando en todo tiempo, que seáis tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que han de venir, y de estar en pie delante del Hijo del hombre.

37Y enseñaba de día en el templo; y de noche saliendo, estábase en el monte que se llama de las Olivas.

38Y todo el pueblo venía á él por la mañana, para oirle en el templo.

 
 
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