Job
Capítulo 5-7
 

Capítulo 5

 
 
1AHORA pues da voces, si habrá quien te responda; ¿Y á cuál de los santos te volverás?
2Es cierto que al necio la ira lo mata, Y al codicioso consume la envidia.

3Yo he visto al necio que echaba raíces, Y en la misma hora maldije su habitación.

4Sus hijos estarán lejos de la salud, Y en la puerta serán quebrantados, Y no habrá quien los libre.

5Su mies comerán los hambrientos, Y sacaránla de entre las espinas, Y los sedientos beberán su hacienda.

6Porque la iniquidad no sale del polvo, Ni la molestia brota de la tierra.

7Empero como las centellas se levantan para volar por el aire, Así el hombre nace para la aflicción.

8Ciertamente yo buscaría á Dios, Y depositaría en él mis negocios:

9El cual hace cosas grandes é inescrutables, Y maravillas que no tienen cuento:

10Que da la lluvia sobre la haz de la tierra, Y envía las aguas por los campos:

11Que pone los humildes en altura, Y los enlutados son levantados á salud:

12Que frustra los pensamientos de los astutos, Para que sus manos no hagan nada:

13Que prende á los sabios en la astucia de ellos, Y el consejo de los perversos es entontecido;

14De día se topan con tinieblas, Y en mitad del día andan á tientas como de noche:

15Y libra de la espada al pobre, de la boca de los impíos, Y de la mano violenta;

16Pues es esperanza al menesteroso, Y la iniquidad cerrará su boca.

17He aquí, bienaventurado es el hombre á quien Dios castiga: Por tanto no menosprecies la corrección del Todopoderoso.

18Porque él es el que hace la llaga, y él la vendará: El hiere, y sus manos curan.

19En seis tribulaciones te librará, Y en la séptima no te tocará el mal.

20En el hambre te redimirá de la muerte, Y en la guerra de las manos de la espada.

21Del azote de la lengua serás encubierto; Ni temerás de la destrucción cuando viniere.

22De la destrucción y del hambre te reirás, Y no temerás de las bestias del campo:

23Pues aun con las piedras del campo tendrás tu concierto, Y las bestias del campo te serán pacíficas.

24Y sabrás que hay paz en tu tienda; Y visitarás tu morada, y no pecarás.

25Asimismo echarás de ver que tu simiente es mucha, Y tu prole como la hierba de la tierra.

26Y vendrás en la vejez á la sepultura, Como el montón de trigo que se coge á su tiempo.

27He aquí lo que hemos inquirido, lo cual es así: Oyelo, y juzga tú para contigo.

 
Capítulo 6
 
 
1Y RESPONDIO Job y dijo:
2¡Oh si pesasen al justo mi queja y mi tormento, Y se alzasen igualmente en balanza!

3Porque pesaría aquél más que la arena del mar: Y por tanto mis palabras son cortadas.

4Porque las saetas del Todopoderoso están en mí, Cuyo veneno bebe mi espíritu; Y terrores de Dios me combaten.

5¿Acaso gime el asno montés junto á la hierba? ¿Muge el buey junto á su pasto?

6¿Comeráse lo desabrido sin sal? ¿O habrá gusto en la clara del huevo?

7Las cosas que mi alma no quería tocar, Por los dolores son mi comida.

8¡Quién me diera que viniese mi petición, Y que Dios me otorgase lo que espero;

9Y que pluguiera á Dios quebrantarme; Que soltara su mano, y me deshiciera!

10Y sería aún mi consuelo, Si me asaltase con dolor sin dar más tregua, Que yo no he escondido las palabras del Santo.

11¿Cuál es mi fortaleza para esperar aún? ¿Y cuál mi fin para dilatar mi vida?

12¿Es mi fortaleza la de las piedras? ¿O mi carne, es de acero?

13¿No me ayudo cuanto puedo, Y el poder me falta del todo?

14El atribulado es consolado de su compañero: Mas hase abandonado el temor del Omnipotente.

15Mis hermanos han mentido cual arroyo: Pasáronse como corrientes impetuosas,

16Que están escondidas por la helada, Y encubiertas con nieve;

17Que al tiempo del calor son deshechas, Y en calentándose, desaparecen de su lugar;

18Apártanse de la senda de su rumbo, Van menguando y piérdense.

19Miraron los caminantes de Temán, Los caminantes de Saba esperaron en ellas:

20Mas fueron avergonzados por su esperanza; Porque vinieron hasta ellas, y halláronse confusos.

21Ahora ciertamente como ellas sois vosotros: Que habéis visto el tormento, y teméis.

22¿Os he dicho yo: Traedme, Y pagad por mí de vuestra hacienda;

23Y libradme de la mano del opresor, Y redimidme del poder de los violentos?

24Enseñadme, y yo callaré: Y hacedme entender en qué he errado.

25¡Cuán fuertes son las palabras de rectitud! Mas ¿qué reprende el que reprende de vosotros?

26¿Pensáis censurar palabras, Y los discursos de un desesperado, que son como el viento?

27También os arrojáis sobre el huérfano, Y hacéis hoyo delante de vuestro amigo.

28Ahora pues, si queréis, mirad en mí, Y ved si miento delante de vosotros.

29Tornad ahora, y no haya iniquidad; Volved aún á considerar mi justicia en esto.

30¿Hay iniquidad en mi lengua? ¿No puede mi paladar discernir las cosas depravadas?

 
Capítulo 7
 
 
1CIERTAMENTE tiempo limitado tiene el hombre sobre la tierra, Y sus días son como los días del jornalero.
2Como el siervo anhela la sombra, Y como el jornalero espera el reposo de su trabajo:

3Así poseo yo meses de vanidad, Y noches de trabajo me dieron por cuenta.

4Cuando estoy acostado, digo: ¿Cuándo me levantaré? Y mide mi corazón la noche, Y estoy harto de devaneos hasta el alba.

5Mi carne está vestida de gusanos, y de costras de polvo; Mi piel hendida y abominable.

6Y mis días fueron más ligeros que la lanzadera del tejedor, Y fenecieron sin esperanza.

7Acuérdate que mi vida es viento, Y que mis ojos no volverán á ver el bien.

8Los ojos de los que me ven, no me verán más: Tus ojos sobre mí, y dejaré de ser.

9La nube se consume, y se va: Así el que desciende al sepulcro no subirá;

10No tornará más á su casa, Ni su lugar le conocerá más.

11Por tanto yo no reprimiré mi boca; Hablaré en la angustia de mi espíritu, Y quejaréme con la amargura de mi alma.

12¿Soy yo la mar, ó ballena, Que me pongas guarda?

13Cuando digo: Mi cama me consolará, Mi cama atenuará mis quejas;

14Entonces me quebrantarás con sueños, Y me turbarás con visiones.

15Y así mi alma tuvo por mejor el ahogamiento, Y quiso la muerte más que mis huesos.

16Aburríme: no he de vivir yo para siempre; Déjáme, pues que mis días son vanidad.

17¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, Y que pongas sobre él tu corazón,

18Y lo visites todas las mañanas, Y todos los momentos lo pruebes?

19¿Hasta cuándo no me dejarás, Ni me soltarás hasta que trague mi saliva?

20Pequé, ¿qué te haré, oh Guarda de los hombres? ¿Por qué me has puesto contrario á ti, Y que á mí mismo sea pesado?

21¿Y por qué no quitas mi rebelión, y perdonas mi iniquidad? Porque ahora dormiré en el polvo, Y si me buscares de mañana, ya no seré.

 
 
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