Job
Capítulo 32-34
 

Capítulo 32

 
 
1Y CESARON estos tres varones de responder á Job, por cuanto él era justo en sus ojos.
2Entonces Eliú hijo de Barachêl, Bucita, de la familia de Ram, se enojó con furor contra Job: enojóse con furor, por cuanto justificaba su vida más que á Dios.

3Enojóse asimismo con furor contra sus tres amigos, porque no hallaban qué responder, aunque habían condenado á Job.

4Y Eliú había esperado á Job en la disputa, porque eran más viejos de días que él.

5Empero viendo Eliú que no había respuesta en la boca de aquelllos tres varones, su furor se encendió.

6Y respondió Eliú hijo de Barachêl, Buzita, y dijo: Yo soy menor de días y vosotros viejos; He tenido por tanto miedo, y temido declararos mi opinión.

7Yo decía: Los días hablarán, Y la muchedumbre de años declarará sabiduría.

8Ciertamente espíritu hay en el hombre, E inspiración del Omnipotente los hace que entiendan.

9No los grandes son los sabios, Ni los viejos entienden el derecho.

10Por tanto yo dije: Escuchadme; Declararé yo también mi sabiduría.

11He aquí yo he esperado á vuestras razones, He escuchado vuestros argumentos, En tanto que buscabais palabras.

12Os he pues prestado atención, Y he aquí que no hay de vosotros quien redarguya á Job, Y responda á sus razones.

13Porque no digáis: Nosotros hemos hallado sabiduría: Lanzólo Dios, no el hombre.

14Ahora bien, Job no enderezó á mí sus palabras, Ni yo le responderé con vuestras razones.

15Espantáronse, no respondieron más; Fuéronseles los razonamientos.

16Yo pues he esperado, porque no hablaban, Antes pararon, y no respondieron más.

17Por eso yo también responderé mi parte, También yo declararé mi juicio.

18Porque lleno estoy de palabras, Y el espíritu de mi vientre me constriñe.

19De cierto mi vientre está como el vino que no tiene respiradero, Y se rompe como odres nuevos.

20Hablaré pues y respiraré; Abriré mis labios, y responderé.

21No haré ahora acepción de personas, Ni usaré con hombre de lisonjeros títulos.

22Porque no sé hablar lisonjas: De otra manera en breve mi Hacedor me consuma.

 
Capítulo 33
 
 
1POR tanto, Job, oye ahora mis razones, Y escucha todas mis palabras.
2He aquí yo abriré ahora mi boca, Y mi lengua hablará en mi garganta.

3Mis razones declararán la rectitud de mi corazón, Y mis labios proferirán pura sabiduría.

4El espíritu de Dios me hizo, Y la inspiración del Omnipotente me dió vida.

5Si pudieres, respóndeme: Dispón tus palabras, está delante de mí.

6Heme aquí á mí en lugar de Dios, conforme á tu dicho: De lodo soy yo también formado.

7He aquí que mi terror no te espantará, Ni mi mano se agravará sobre ti.

8De cierto tú dijiste á oídos míos, Y yo oí la voz de tus palabras que decían:

9Yo soy limpio y sin defecto; Y soy inocente, y no hay maldad en mí.

10He aquí que él buscó achaques contra mí, Y me tiene por su enemigo;

11Puso mis pies en el cepo, Y guardó todas mis sendas.

12He aquí en esto no has hablado justamente: Yo te responderé que mayor es Dios que el hombre.

13¿Por qué tomaste pleito contra él? Porque él no da cuenta de ninguna de sus razones.

14Sin embargo, en una ó en dos maneras habla Dios; Mas el hombre no entiende.

15Por sueño de visión nocturna, Cuando el sueño cae sobre los hombres, Cuando se adormecen sobre el lecho;

16Entonces revela al oído de los hombres, Y les señala su consejo;

17Para quitar al hombre de su obra, Y apartar del varón la soberbia.

18Detendrá su alma de corrupción, Y su vida de que pase á cuchillo.

19También sobre su cama es castigado Con dolor fuerte en todos sus huesos,

20Que le hace que su vida aborrezca el pan, Y su alma la comida suave.

21Su carne desfallece sin verse, Y sus huesos, que antes no se veían, aparecen.

22Y su alma se acerca al sepulcro, Y su vida á los que causan la muerte.

23Si tuviera cerca de él Algún elocuente anunciador muy escogido, Que anuncie al hombre su deber;

24Que le diga que Dios tuvo de él misericordia, Que lo libró de descender al sepulcro, Que halló redención:

25Enterneceráse su carne más que de niño, Volverá á los días de su mocedad.

26Orará á Dios, y le amará, Y verá su faz con júbilo: Y él restituirá al hombre su justicia.

27El mira sobre los hombres; y el que dijere: Pequé, y pervertí lo recto, Y no me ha aprovechado;

28Dios redimirá su alma, que no pase al sepulcro, Y su vida se verá en luz.

29He aquí, todas estas cosas hace Dios Dos y tres veces con el hombre;

30Para apartar su alma del sepulcro, Y para iluminarlo con la luz de los vivientes.

31Escucha, Job, y óyeme; Calla, y yo hablaré.

32Que si tuvieres razones, respóndeme; Habla, porque yo te quiero justificar.

33Y si no, óyeme tú á mí; Calla, y enseñarte he sabiduría.

 
Capítulo 34
 
 
1ADEMAS respondió Eliú, y dijo:
2Oid, sabios, mis palabras; Y vosotros, doctos, estadme atentos.

3Porque el oído prueba las palabras, Como el paladar gusta para comer.

4Escojamos para nosotros el juicio, Conozcamos entre nosotros cuál sea lo bueno;

5Porque Job ha dicho: Yo soy justo, Y Dios me ha quitado mi derecho.

6¿He de mentir yo contra mi razón? Mi saeta es gravosa sin haber yo prevaricado.

7¿Qué hombre hay como Job, Que bebe el escarnio como agua?

8Y va en compañía con los que obran iniquidad, Y anda con los hombres maliciosos.

9Porque ha dicho: De nada servirá al hombre El conformar su voluntad con Dios.

10Por tanto, varones de seso, oidme; Lejos esté de Dios la impiedad, Y del Omnipotente la iniquidad.

11Porque él pagará al hombre según su obra, Y él le hará hallar conforme á su camino.

12Sí, por cierto, Dios no hará injusticia, Y el Omnipotente no pervertirá el derecho.

13¿Quién visitó por él la tierra? ¿Y quién puso en orden todo el mundo?

14Si él pusiese sobre el hombre su corazón, Y recogiese así su espíritu y su aliento,

15Toda carne perecería juntamente, Y el hombre se tornaría en polvo.

16Si pues hay en ti entendimiento, oye esto: Escucha la voz de mis palabras.

17¿Enseñorearáse el que aborrece juicio? ¿Y condenarás tú al que es tan justo?

18¿Hase de decir al rey: Perverso; Y á los príncipes: Impíos?

19¿Cuánto menos á aquel que no hace acepción de personas de príncipes, Ni el rico es de él más respetado que el pobre? Porque todos son obras de sus manos.

20En un momento morirán, y á media noche Se alborotarán los pueblos, y pasarán, Y sin mano será quitado el poderoso.

21Porque sus ojos están sobre los caminos del hombre, Y ve todos sus pasos.

22No hay tinieblas ni sombra de muerte Donde se encubran los que obran maldad.

23No carga pues él al hombre más de lo justo, Para que vaya con Dios á juicio.

24El quebrantará á los fuertes sin pesquisa, Y hará estar otros en su lugar.

25Por tanto él hará notorias las obras de ellos, Cuando los trastornará en la noche, y serán quebrantados.

26Como á malos los herirá En lugar donde sean vistos:

27Por cuanto así se apartaron de él, Y no consideraron todos sus caminos;

28Haciendo venir delante de él el clamor del pobre, Y que oiga el clamor de los necesitados.

29Y si él diere reposo, ¿quién inquietará? Si escondiere el rostro, ¿quién lo mirará? Esto sobre una nación, y lo mismo sobre un hombre;

30Haciendo que no reine el hombre hipócrita Para vejaciones del pueblo.

31De seguro conviene se diga á Dios: Llevado he ya castigo, no más ofenderé:

32Enséñame tú lo que yo no veo: Que si hice mal, no lo haré más.

33¿Ha de ser eso según tu mente? El te retribuirá, ora rehuses, Ora aceptes, y no yo: Di si no, lo que tú sabes.

34Los hombres de seso dirán conmigo, Y el hombre sabio me oirá:

35Que Job no habla con sabiduría, Y que sus palabras no son con entendimiento.

36Deseo yo que Job sea probado ampliamente, A causa de sus respuestas por los hombres inicuos.

37Porque á su pecado añadió impiedad: Bate las manos entre nosotros, Y contra Dios multiplica sus palabras.

 
 
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