Job
Capítulo 1-4
 

Capítulo 1

 
 
1HUBO un varón en tierra de Hus, llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, y temeroso de Dios, y apartado del mal.
2Y naciéronle siete hijos y tres hijas.

3Y su hacienda era siete mil ovejas, y tres mil camellos, y quinientas yuntas de bueyes, y quinientas asnas, y muchísimos criados: y era aquel varón grande más que todos los Orientales.

4E iban sus hijos y hacían banquetes en sus casas, cada uno en su día; y enviaban á llamar sus tres hermanas, para que comiesen y bebiesen con ellos.

5Y acontecía que, habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y santificábalos, y levantábase de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado á Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días.

6Y un día vinieron los hijos de Dios á presentarse delante de Jehová, entre los cuales vino también Satán.

7Y dijo Jehová á Satán: ¿De dónde vienes? Y respondiendo Satán á Jehová, dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella.

8Y Jehová dijo á Satán: ¿No has considerado á mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios, y apartado de mal?

9Y respondiendo Satán á Jehová, dijo: ¿Teme Job á Dios de balde?

10¿No le has tú cercado á él, y á su casa, y á todo lo que tiene en derredor? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto su hacienda ha crecido sobre la tierra.

11Mas extiende ahora tu mano, y toca á todo lo que tiene, y verás si no te blasfema en tu rostro.

12Y dijo Jehová á Satán: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano: solamente no pongas tu mano sobre él. Y salióse Satán de delante de Jehová.

13Y un día aconteció que sus hijos é hijas comían y bebían vino en casa de su hermano el primogénito,

14Y vino un mensajero á Job, que le dijo: Estando arando los bueyes, y las asnas paciendo cerca de ellos,

15Acometieron los Sabeos, y tomáronlos, é hirieron á los mozos á filo de espada: solamente escapé yo para traerte las nuevas.

16Aun estaba éste hablando, y vino otro que dijo: Fuego de Dios cayó del cielo, que quemó las ovejas y los mozos, y los consumió: solamente escapé yo solo para traerte las nuevas.

17Todavía estaba éste hablando, y vino otro que dijo: Los Caldeos hicieron tres escuadrones, y dieron sobre los camellos, y tomáronlos, é hirieron á los mozos á filo de espada; y solamente escapé yo solo para traerte las nuevas.

18Entre tanto que éste hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito;

19Y he aquí un gran viento que vino del lado del desierto, é hirió las cuatro esquinas de la casa, y cayó sobre los mozos, y murieron; y solamente escapé yo solo para traerte las nuevas.

20Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y trasquiló su cabeza, y cayendo en tierra adoró;

21Y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo tornaré allá. Jehová dió, y Jehová quitó: sea el nombre de Jehová bendito.

22En todo esto no pecó Job, ni atribuyó á Dios despropósito alguno.

 
Capítulo 2
 
 
1Y OTRO día aconteció que vinieron los hijos de Dios para presentarse delante de Jehová, y Satán vino también entre ellos pareciendo delante de Jehová.
2Y dijo Jehová á Satán: ¿De dónde vienes? Respondió Satán á Jehová, y dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella.

3Y Jehová dijo á Satán: ¿No has considerado á mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado de mal, y que aun retiene su perfección, habiéndome tú incitado contra él, para que lo arruinara sin causa?

4Y respondiendo Satán dijo á Jehová: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida.

5Mas extiende ahora tu mano, y toca á su hueso y á su carne, y verás si no te blasfema en tu rostro.

6Y Jehová dijo á Satán: He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida.

7Y salió Satán de delante de Jehová, é hirió á Job de una maligna sarna desde la planta de su pie hasta la mollera de su cabeza.

8Y tomaba una teja para rascarse con ella, y estaba sentado en medio de ceniza.

9Díjole entonces su mujer: ¿Aun retienes tú tu simplicidad? Bendice á Dios, y muérete.

10Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. También recibimos el bien de Dios, ¿y el mal no recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios.

11Y tres amigos de Job, Eliphaz Temanita, y Bildad Suhita, y Sophar Naamathita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían concertado de venir juntos á condolecerse de él, y á consolarle.

12Los cuales alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y lloraron á voz en grito; y cada uno de ellos rasgó su manto, y esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo.

13Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que el dolor era muy grande.

 
Capítulo 3
 
 
1DESPUÉS de esto abrió Job su boca, y maldijo su día.
2Y exclamó Job, y dijo:

3Perezca el día en que yo nací, Y la noche que se dijo: Varón es concebido.

4Sea aquel día sombrío, Y Dios no cuide de él desde arriba, Ni claridad sobre él resplandezca.

5Aféenlo tinieblas y sombra de muerte; Repose sobre él nublado, Que lo haga horrible como caliginoso día.

6Ocupe la oscuridad aquella noche; No sea contada entre los días del año, Ni venga en él número de los meses.

7¡Oh si fuere aquella noche solitaria, Que no viniera canción alguna en ella!

8Maldíganla los que maldicen al día, Los que se aprestan para levantar su llanto.

9Oscurézcanse las estrellas de su alba; Espere la luz, y no venga, Ni vea los párpados de la mañana:

10Por cuanto no cerró las puertas del vientre donde yo estaba, Ni escondió de mis ojos la miseria.

11¿Por qué no morí yo desde la matriz, O fuí traspasado en saliendo del vientre?

12¿Por qué me previnieron las rodillas? ¿Y para qué las tetas que mamase?

13Pues que ahora yaciera yo, y reposara; Durmiera, y entonces tuviera reposo,

14Con los reyes y con los consejeros de la tierra, Que edifican para sí los desiertos;

15O con los príncipes que poseían el oro, Que henchían sus casas de plata.

16O ¿por qué no fuí escondido como aborto, Como los pequeñitos que nunca vieron luz?

17Allí los impíos dejan el perturbar, Y allí descansan los de cansadas fuerzas.

18Allí asimismo reposan los cautivos; No oyen la voz del exactor.

19Allí están el chico y el grande; Y el siervo libre de su señor.

20¿Por qué se da luz al trabajado, Y vida á los de ánimo en amargura,

21Que esperan la muerte, y ella no llega, Aunque la buscan más que tesoros;

22Que se alegran sobremanera, Y se gozan, cuando hallan el sepulcro?

23¿Por qué al hombre que no sabe por donde vaya, Y al cual Dios ha encerrado?

24Pues antes que mi pan viene mi suspiro; Y mis gemidos corren como aguas.

25Porque el temor que me espantaba me ha venido, Y hame acontecido lo que temía.

26No he tenido paz, no me aseguré, ni me estuve reposado; Vínome no obstante turbación.

 
Capítulo 4
 
 
1Y RESPONDIO Eliphaz el Temanita, y dijo:
2Si probáremos á hablarte, serte ha molesto; Mas ¿quién podrá detener las palabras?

3He aquí, tú enseñabas á muchos, Y las manos flacas corroborabas;

4Al que vacilaba, enderezaban tus palabras, Y esforzabas las rodillas que decaían.

5Mas ahora que el mal sobre ti ha venido, te es duro; Y cuando ha llegado hasta ti, te turbas.

6¿Es este tu temor, tu confianza, Tu esperanza, y la perfección de tus caminos?

7Recapacita ahora, ¿quién que fuera inocente se perdiera? Y ¿en dónde los rectos fueron cortados?

8Como yo he visto, los que aran iniquidad Y siembran injuria, la siegan.

9Perecen por el aliento de Dios, Y por el espíritu de su furor son consumidos.

10El bramido del león, y la voz del león, Y los dientes de los leoncillos son quebrantados.

11El león viejo perece por falta de presa, Y los hijos del león son esparcidos.

12El negocio también me era á mí oculto; Mas mi oído ha percibido algo de ello.

13En imaginaciones de visiones nocturnas, Cuando el sueño cae sobre los hombres,

14Sobrevínome un espanto y un temblor, Que estremeció todos mis huesos:

15Y un espíritu pasó por delante de mí, Que hizo se erizara el pelo de mi carne.

16Paróse un fantasma delante de mis ojos, Cuyo rostro yo no conocí, Y quedo, oí que decía:

17¿Si será el hombre más justo que Dios? ¿Si será el varón más limpio que el que lo hizo?

18He aquí que en sus siervos no confía, Y notó necedad en sus ángeles

19¡Cuánto más en los que habitan en casas de lodo, Cuyo fundamento está en el polvo, Y que serán quebrantados de la polilla!

20De la mañana á la tarde son quebrantados, Y se pierden para siempre, sin haber quien lo considere.

21¿Su hermosura, no se pierde con ellos mismos? Mueren, y sin sabiduría.

 
 
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