Job
Capítulo 18-20
 

Capítulo 18

 
 
1Y RESPONDIO Bildad Suhita, y dijo:
2¿Cuándo pondréis fin á las palabras? Entended, y después hablemos.

3¿Por qué somos tenidos por bestias, Y en vuestros ojos somos viles?

4Oh tú, que despedazas tu alma con tu furor, ¿Será dejada la tierra por tu causa, Y serán traspasadas de su lugar las peñas?

5Ciertamente la luz de los impíos será apagada, Y no resplandecerá la centella de su fuego.

6La luz se oscurecerá en su tienda, Y apagaráse sobre él su lámpara.

7Los pasos de su pujanza serán acortados, Y precipitarálo su mismo consejo.

8Porque red será echada en sus pies, Y sobre red andará.

9Lazo prenderá su calcañar: Afirmaráse la trampa contra él.

10Su cuerda está escondida en la tierra, Y su torzuelo sobre la senda.

11De todas partes lo asombrarán temores, Y haránle huir desconcertado.

12Su fuerza será hambrienta, Y á su lado estará aparejado quebrantamiento.

13El primogénito de la muerte comerá los ramos de su piel, Y devorará sus miembros.

14Su confianza será arrancada de su tienda, Y harále esto llevar al rey de los espantos.

15En su tienda morará como si no fuese suya: Piedra azufre será esparcida sobre su morada.

16Abajo se secarán sus raíces, Y arriba serán cortadas sus ramas.

17Su memoria perecerá de la tierra, Y no tendrá nombre por las calles.

18De la luz será lanzado á las tinieblas, Y echado fuera del mundo.

19No tendrá hijo ni nieto en su pueblo, Ni quien le suceda en sus moradas.

20Sobre su día se espantarán los por venir, Como ocupó el pavor á los que fueron antes.

21Ciertamente tales son las moradas del impío, Y este será el lugar del que no conoció á Dios.

 
Capítulo 19
 
 
1Y RESPONDIO Job, y dijo:
2¿Hasta cuándo angustiaréis mi alma, Y me moleréis con palabras?

3Ya me habéis vituperado diez veces: ¿No os avergonzáis de descomediros delante de mí?

4Sea así que realmente haya yo errado, Conmigo se quedará mi yerro.

5Mas si vosotros os engrandeciereis contra mí, Y adujereis contra mí mi oprobio,

6Sabed ahora que Dios me ha trastornado, Y traído en derredor su red sobre mí.

7He aquí yo clamaré agravio, y no seré oído: Daré voces, y no habrá juicio.

8Cercó de vallado mi camino, y no pasaré; Y sobre mis veredas puso tinieblas.

9Hame despojado de mi gloria, Y quitado la corona de mi cabeza.

10Arruinóme por todos lados, y perezco; Y ha hecho pasar mi esperanza como árbol arrancado.

11E hizo inflamar contra mí su furor, Y contóme para sí entre sus enemigos.

12Vinieron sus ejércitos á una, y trillaron sobre mí su camino, Y asentaron campo en derredor de mi tienda.

13Hizo alejar de mí mis hermanos, Y positivamente se extrañaron de mí mis conocidos.

14Mis parientes se detuvieron, Y mis conocidos se olvidaron de mí.

15Los moradores de mi casa y mis criadas me tuvieron por extraño; Forastero fuí yo en sus ojos.

16Llamé á mi siervo, y no respondió; De mi propia boca le suplicaba.

17Mi aliento vino á ser extraño á mi mujer, Aunque por los hijos de mis entrañas le rogaba.

18Aun los muchachos me menospreciaron: En levantándome, hablaban contra mí.

19Todos mis confidentes me aborrecieron; Y los que yo amaba, se tornaron contra mí.

20Mi cuero y mi carne se pegaron á mis huesos; Y he escapado con la piel de mis dientes.

21Oh vosotros mis amigos, tened compasión de mí, tened compasión de mí; Porque la mano de Dios me ha tocado.

22¿Por qué me perseguís como Dios, Y no os hartáis de mis carnes?

23¡Quién diese ahora que mis palabras fuesen escritas! ¡Quién diese que se escribieran en un libro!

24¡Que con cincel de hierro y con plomo Fuesen en piedra esculpidas para siempre!

25Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo:

26Y después de deshecha esta mi piel, Aun he de ver en mi carne á Dios;

27Al cual yo tengo de ver por mí, Y mis ojos lo verán, y no otro, Aunque mis riñones se consuman dentro de mí.

28Mas debierais decir: ¿Por qué lo perseguimos? Ya que la raíz del negocio en mí se halla.

29Temed vosotros delante de la espada; Porque sobreviene el furor de la espada á causa de las injusticias, Para que sepáis que hay un juicio.

 
Capítulo 20
 
 
1Y RESPONDIO Sophar Naamathita, y dijo:
2Por cierto mis pensamientos me hacen responder, Y por tanto me apresuro.

3La reprensión de mi censura he oído, Y háceme responder el espíritu de mi inteligencia.

4¿No sabes esto que fué siempre, Desde el tiempo que fué puesto el hombre sobre la tierra,

5Que la alegría de los impíos es breve, Y el gozo del hipócrita por un momento?

6Si subiere su altivez hasta el cielo, Y su cabeza tocare en las nubes,

7Con su estiércol perecerá para siempre: Los que le hubieren visto, dirán: ¿Qué es de él?

8Como sueño volará, y no será hallado: Y disiparáse como visión nocturna.

9El ojo que le habrá visto, nunca más le verá; Ni su lugar le echará más de ver.

10Sus hijos pobres andarán rogando; Y sus manos tornarán lo que él robó.

11Sus huesos están llenos de sus mocedades, Y con él serán sepultados en el polvo.

12Si el mal se endulzó en su boca, Si lo ocultaba debajo de su lengua;

13Si le parecía bien, y no lo dejaba, Mas antes lo detenía entre su paladar;

14Su comida se mudará en sus entrañas, Hiel de áspides será dentro de él.

15Devoró riquezas, mas vomitarálas; De su vientre las sacará Dios.

16Veneno de áspides chupará; Matarálo lengua de víbora.

17No verá los arroyos, los ríos, Los torrentes de miel y de manteca.

18Restituirá el trabajo conforme á la hacienda que tomó; Y no tragará, ni gozará.

19Por cuanto quebrantó y desamparó á los pobres, Robó casas, y no las edificó;

20Por tanto, no sentirá él sosiego en su vientre, Ni salvará nada de lo que codiciaba.

21No quedó nada que no comiese: Por tanto su bien no será durable.

22Cuando fuere lleno su bastimento, tendrá angustia: Las manos todas de los malvados vendrán sobre él.

23Cuando se pusiere á henchir su vientre, Dios enviará sobre él el furor de su ira, Y harála llover sobre él y sobre su comida.

24Huirá de las armas de hierro, Y el arco de acero le atravesará.

25Desenvainará y sacará saeta de su aljaba, Y relumbrante pasará por su hiel: Sobre él vendrán terrores.

26Todas tinieblas están guardadas para sus secretos: Fuego no soplado lo devorará; Su sucesor será quebrantado en su tienda.

27Los cielos descubrirán su iniquidad, Y la tierra se levantará contra él.

28Los renuevos de su casa serán trasportados; Serán derramados en el día de su furor.

29Esta es la parte que Dios apareja al hombre impío, Y la heredad que Dios le señala por su palabra.

 
 
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