Eclesistés
Capítulo 7-9
 

Capítulo 7

 
 
1MEJOR es la buena fama que el buen ungüento; y el día de la muerte que el día del nacimiento.
2Mejor es ir á la casa del luto que á la casa del convite: porque aquello es el fin de todos los hombres; y el que vive parará mientes.

3Mejor es el enojo que la risa: porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón.

4El corazón de los sabios, en la casa del luto; mas el corazón de los insensatos, en la casa del placer.

5Mejor es oir la reprensión del sabio, que la canción de los necios.

6Porque la risa del necio es como el estrépito de las espinas debajo de la olla. Y también esto es vanidad.

7Ciertamente la opresión hace enloquecer al sabio: y el presente corrompe el corazón.

8Mejor es el fin del negocio que su principio: mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu.

9No te apresures en tu espíritu á enojarte: porque la ira en el seno de los necios reposa.

10Nunca digas: ¿Qué es la causa que los tiempos pasados fueron mejores que éstos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría.

11Buena es la ciencia con herencia; y más á los que ven el sol.

12Porque escudo es la ciencia, y escudo es el dinero: mas la sabiduría excede en que da vida á sus poseedores.

13Mira la obra de Dios; porque ¿quién podrá enderezar lo que él torció?

14En el día del bien goza del bien; y en el día del mal considera. Dios también hizo esto delante de lo otro, porque el hombre no halle nada tras de él.

15Todo esto he visto en los días de mi vanidad. Justo hay que perece por su justicia, y hay impío que por su maldad alarga sus días.

16No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso: ¿por qué te destruirás?

17No hagas mal mucho, ni seas insensato: ¿por qué morirás antes de tu tiempo?

18Bueno es que tomes esto, y también de estotro no apartes tu mano; porque el que á Dios teme, saldrá con todo.

19La sabiduría fortifica al sabio más que diez poderosos la ciudad en que fueron.

20Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga bien y nunca peque.

21Tampoco apliques tu corazón á todas las cosas que se hablaren, porque no oigas á tu siervo que dice mal de ti:

22Porque tu corazón sabe, como tú también dijiste mal de otros muchas veces.

23Todas estas cosas probé con sabiduría, diciendo: Hacerme he sabio: mas ella se alejó de mí.

24Lejos está lo que fué; y lo muy profundo ¿quién lo hallará?

25Yo he rodeado con mi corazón por saber, y examinar, é inquirir la sabiduría, y la razón; y por conocer la maldad de la insensatez, y el desvarío del error;

26Y yo he hallado más amarga que la muerte la mujer, la cual es redes, y lazos su corazón; sus manos como ligaduras. El que agrada á Dios escapará de ella; mas el pecador será preso en ella.

27He aquí, esto he hallado, dice el Predicador, pesando las cosas una por una para hallar la razón;

28Lo que aun busca mi alma, y no encuentro: un hombre entre mil he hallado; mas mujer de todas éstas nunca hallé.

29He aquí, solamente he hallado esto: que Dios hizo al hombre recto, mas ellos buscaron muchas cuentas.

 
Capítulo 8
 
 
1¿Quién como el sabio? ¿y quién como el que sabe la declaración de las cosas? La sabiduría del hombre hará relucir su rostro, y mudaráse la tosquedad de su semblante.
2Yo te aviso que guardes el mandamiento del rey y la palabra del juramento de Dios.

3No te apresures á irte de delante de él, ni en cosa mala persistas; porque él hará todo lo que quisiere:

4Pues la palabra del rey es con potestad, ¿y quién le dirá, Qué haces?

5El que guarda el mandamiento no experimentará mal; y el tiempo y el juicio conoce el corazón del sabio.

6Porque para todo lo que quisieres hay tiempo y juicio; mas el trabajo del hombre es grande sobre él;

7Porque no sabe lo que ha de ser; y el cuándo haya de ser, ¿quién se lo enseñará?

8No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte: y no valen armas en tal guerra; ni la impiedad librará al que la posee.

9Todo esto he visto, y puesto he mi corazón en todo lo que debajo del sol se hace: hay tiempo en que el hombre se enseñorea del hombre para mal suyo.

10Esto vi también: que los impíos sepultados vinieron aún en memoria; mas los que partieron del lugar santo, fueron luego puestos en olvido en la ciudad donde con rectitud habían obrado. Esto también es vanidad.

11Porque no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos lleno para hacer mal.

12Bien que el pecador haga mal cien veces, y le sea dilatado el castigo, con todo yo también sé que los que á Dios temen tendrán bien, los que temieren ante su presencia;

13Y que el impío no tendrá bien, ni le serán prolongados los días, que son como sombra; por cuanto no temió delante de la presencia de Dios.

14Hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos á quienes sucede como si hicieran obras de impíos; y hay impíos á quienes acaece como si hicieran obras de justos. Digo que esto también es vanidad.

15Por tanto alabé yo la alegría; que no tiene el hombre bien debajo del sol, sino que coma y beba, y se alegre; y que esto se le quede de su trabajo los días de su vida que Dios le dió debajo del sol.

16Yo pues dí mi corazón á conocer sabiduría, y á ver la faena que se hace sobre la tierra; (porque hay quien ni de noche ni de día ve sueño en su ojos;)

17Y he visto todas las obras de Dios, que el hombre no puede alcanzar la obra que debajo del sol se hace; por mucho que trabaje el hombre buscándola, no la hallará: aunque diga el sabio que la sabe, no por eso podrá alcanzarla.

 
Capítulo 9
 
 
1CIERTAMENTE dado he mi corazón á todas estas cosas, para declarar todo esto: que los justos y los sabios, y sus obras, están en la mano de Dios; y que no sabe el hombre ni el amor ni el odio por todo lo que pasa delante de él.
2Todo acontece de la misma manera á todos: un mismo suceso ocurre al justo y al impío; al bueno y al limpio y al no limpio; al que sacrifica, y al que no sacrifica: como el bueno, así el que peca; el que jura, como el que teme el juramento.

3Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol, que todos tengan un mismo suceso, y también que el corazón de los hijos de los hombres esté lleno de mal, y de enloquecimiento en su corazón durante su vida: y después, á los muertos.

4Aún hay esperanza para todo aquél que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto.

5Porque los que viven saben que han de morir: mas los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido.

6También su amor, y su odio y su envidia, feneció ya: ni tiene ya más parte en el siglo, en todo lo que se hace debajo del sol.

7Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón: porque tus obras ya son agradables á Dios.

8En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.

9Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad, que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol.

10Todo lo que te viniere á la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el sepulcro, adonde tú vas, no hay obra, ni industria, ni ciencia, ni sabiduría.

11Tornéme, y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontece á todos.

12Porque el hombre tampoco conoce su tiempo: como los peces que son presos en la mala red, y como las aves que se prenden en lazo, así son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae de repente sobre ellos.

13También vi esta sabiduría debajo del sol, la cual me parece grande:

14Una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella; y viene contra ella un gran rey, y cércala, y edifica contra ella grandes baluartes:

15Y hállase en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel pobre hombre.

16Entonces dije yo: Mejor es la sabiduría que la fortaleza; aunque la ciencia del pobre sea menospreciada, y no sean escuchadas sus palabras.

17Las palabras del sabio con reposo son oídas, más que el clamor del señor entre los necios.

18Mejor es la sabiduría que las armas de guerra; mas un pecador destruye mucho bien.

 
 
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