Eclesistés
Capítulo 4-6
 

Capítulo 4

 
 
1Y TORNÉME yo, y vi todas las violencias que se hacen debajo del sol: y he aquí las lágrimas de los oprimidos, y sin tener quien los consuele; y la fuerza estaba en la mano de sus opresores, y para ellos no había consolador.
2Y alabé yo los finados que ya murieron, más que los vivientes que hasta ahora están vivos.

3Y tuve por mejor que unos y otros al que no ha sido aún, que no ha visto las malas obras que debajo del sol se hacen.

4Visto he asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras mueve la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.

5El necio dobla sus manos y come su carne.

6Mas vale el un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos con trabajo y aflicción de espíritu.

7Yo me torné otra vez, y vi vanidad debajo del sol.

8Está un hombre solo y sin sucesor; que ni tiene hijo ni hermano; mas nunca cesa de trabajar, ni sus ojos se hartan de sus riquezas, ni se pregunta: ¿Para quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien? También esto es vanidad, y duro trabajo.

9Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo.

10Porque si cayeren, el uno levantará á su compañero: mas ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.

11También si dos durmieren juntos, se calentarán; mas ¿cómo se calentará uno solo?

12Y si alguno prevaleciere contra el uno, dos estarán contra él; y cordón de tres dobleces no presto se rompe.

13Mejor es el muchacho pobre y sabio, que el rey viejo y fatuo que no sabe ser aconsejado.

14Porque de la cárcel salió para reinar; mientras el nacido en su reino se hizo pobre.

15Vi todos los vivientes debajo del sol caminando con el muchacho, sucesor, que estará en lugar de aquél.

16No tiene fin todo el pueblo que fué antes de ellos: tampoco los que vendrán después estarán con él contentos. Y esto es también vanidad y aflicción de espíritu.

 
Capítulo 5
 
 
1CUANDO fueres á la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oir que para dar el sacrificio de los necios: porque no saben que hacen mal.
2No te des priesa con tu boca, ni tu corazón se apresure á proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra: por tanto, sean pocas tus palabras.

3Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio.

4Cuando á Dios hicieres promesa, no tardes en pagarla; porque no se agrada de los insensatos. Paga lo que prometieres.

5Mejor es que no prometas, que no que prometas y no pagues.

6No sueltes tu boca para hacer pecar á tu carne; ni digas delante del ángel, que fué ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se aire á causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?

7Donde los sueños son en multitud, también lo son las vanidades y muchas las palabras; mas tú teme á Dios.

8Si violencias de pobres, y extorsión de derecho y de justicia vieres en la porvincia, no te maravilles de esta licencia; porque alto está mirando sobre alto, y uno más alto está sobre ellos.

9Además el provecho de la tierra es para todos: el rey mismo está sujeto á los campos.

10El que ama el dinero, no se hartará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad.

11Cuando los bienes se aumentan, también se aumentan sus comedores. ¿Qué bien, pues, tendrá su dueño, sino ver los con sus ojos?

12Dulce es el sueño del trabajador, ora coma mucho ó poco; mas al rico no le deja dormir la hartura.

13Hay una trabajosa enfermedad que he visto debajo del sol: las riquezas guardadas de sus dueños para su mal;

14Las cuales se pierden en malas ocupaciones, y á los hijos que engendraron nada les queda en la mano.

15Como salió del vientre de su madre, desnudo, así se vuelve, tornando como vino; y nada tuvo de su trabajo para llevar en su mano.

16Este también es un gran mal, que como vino, así haya de volver. ¿Y de qué le aprovechó trabajar al viento?

17Demás de esto, todos los días de su vida comerá en tinieblas, con mucho enojo y dolor y miseria.

18He aquí pues el bien que yo he visto: Que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte.

19Asimismo, á todo hombre á quien Dios dió riquezas y hacienda, y le dió también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce su trabajo; esto es don de Dios.

20Porque no se acordará mucho de los días de su vida; pues Dios le responderá con alegría de su corazón.

 
Capítulo 6
 
 
1HAY un mal que he visto debajo del cielo, y muy común entre los hombres:
2Hombre á quien Dios dió riquezas, y hacienda, y honra, y nada le falta de todo lo que su alma desea; mas Dios no le dió facultad de comer de ello, sino que los extraños se lo comen. Esto vanidad es, y enfermedad trabajosa.

3Si el hombre engendrare ciento, y viviere muchos años, y los días de su edad fueren numerosos; si su alma no se hartó del bien, y también careció de sepultura, yo digo que el abortivo es mejor que él.

4Porque en vano vino, y á tinieblas va, y con tinieblas será cubierto su nombre.

5Aunque no haya visto el sol, ni conocido nada, más reposo tiene éste que aquél.

6Porque si viviere aquel mil años dos veces, si no ha gozado del bien, cierto todos van á un lugar.

7Todo el trabajo del hombre es para su boca, y con todo eso su alma no se harta.

8Porque ¿qué más tiene el sabio que el necio? ¿qué más tiene el pobre que supo caminar entre los vivos?

9Más vale vista de ojos que deseo que pasa. Y también esto es vanidad y aflicción de espíritu.

10El que es, ya su nombre ha sido nombrado; y se sabe que es hombre, y que no podrá contender con el que es más fuerte que él.

11Ciertamente las muchas palabras multiplican la vanidad. ¿Qué más tiene el hombre?

12Porque ¿quién sabe cuál es el bien del hombre en la vida, todos los días de la vida de su vanidad, los cuales él pasa como sombra? Porque ¿quién enseñará al hombre qué será después de él debajo del sol?

 
 
Clic para regresar a Lectura de la Biblia en un año